viernes, 3 de julio de 2015

Belleza petrarquista (recuperación trimestre 2)

El ideal petrarquista de mujer: rasgos físicos
El cabello
La imagen predilecta es el oro, sin embargo no es rara la mujer de cabello negro como el ébano.

El rostro
Se alternan piedras lapidarias nobles, como el marfil, con las flores. Las combinaciones de rosas con lirios, nieve, leche y azucenas son más frecuentes.

La frente
Prevalecen las piedras lapidarias de color blanco y que sugieran lisura o transparencia, como el marfil, el alabastro o el mármol.

Los ojos
Petrarca los describe azules como zafiros, pero hay otras posibilidades, como los de color verde como esmeraldas. La mirada es hiriente como los rayos o relámpagos. También se asemejan a las estrellas. Los ojos de la amada como espejo que devuelve la imagen del amante.
El cuello
La imagen de la leche empleada por Petrarca se convierte a menudo en la poesía española en las de marfil, alabastro, cristal o mármol blanco y liso.

Las cejas
Prevalece el color del ébano.

La boca
Dientes como perlas y labios como rubíes, púrpura, coral o rosa.

La mano
De color blanco como la nieve y piedras lapidarias nobles y blancas como el marfil.

Los pies
Tienen poca importancia, casi siempre ligado al motivo mitológico de la transformación de la amada en planta.

El pecho
Se agrupa en torno a imágenes lapidarias. Las que enfatizan la belleza por su lisura y dureza táctil, o por su blancura y transparencia, son el mármol, el marfil, el alabastro o el diamante.

El ideal petrarquista de mujer: caracterización psicológica
El esplendor de la dama
Se caracteriza por la imagen de la luz, que se identifica con el espíritu y la suma belleza, y con la fuerza creadora y la energía cósmica.

La dama etérea
Caracterizada por el aura seductora y benéfica.

La castidad cautivante
La virtud de la castidad femenina se emblematiza con la imagen del árbol y sobre todo del laurel. Imágenes de transformación en plantas.

La singular rareza
Se caracteriza por la imagen del ave fénix.

La mansedumbre y la candidez
Se asemejan a la cordera y a la paloma, respectivamente.

La gracia del movimiento
La imagen de la cándida cierva indica la blancura y la pureza de la dama. A ella va unido el discurrir errante del animal con el consiguiente incentivo del enamorado que la acecha.

La dureza inquebrantable
Representada por las piedras lapidarias, sobre todo el mármol y el diamante.

La amada fiera


Se caracteriza con la imagen de la tigresa hircana, o con la de la serpiente para indicar la crueldad oculta de la dama.

La dulce guerrera
Visión del amor como guerra y de sus efectos como batallas, asedios y asaltos.

La bella enemiga
La dama es enemiga cuando no responde a los ruegos amorosos del enamorado.

La “donna angelicata”
La dama es ángel en su bondad.

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